Trágicamente después de recorrer miles de kilómetros, ha quedado triste, quieta, callada, a la espera de un más que incierto destino, durmiendo, impotente, abandonada en una desconocida vía muerta, asediada, desmantelada lentamente por chatarreros, amantes de lo ajeno y lo que para ella es mas que indignante: ser manchada por los grafiteros, acciones impensables para los amantes del ferrocarril.
Oleo: Enrique Amado
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