Desde mi primera visita al Museo de Arte Contemporáneo en el Cason del Buen Retiro en 1958 hasta que se inició la reforma del mismo, tuve la oportunidad de contemplar la colección del s. 19 que allí se albergaba.
Este cuadro de Degrain lo en la sala central lejos de un ventanal y debido a la escasa y mala iluminación nunca pude observarlo detenidamente en su conjunto. Todas las obras me gustaron y las estudié detenidamente pero de esta me quedó siempre un sabor amargo al no poder distinguir entre la espesura de los verdes la parte inferior del mismo. La primera vez que estuve después en el Museo del Prado ya instalada allí esta colección me sorprendió lo bien que se podían contemplar nuevamente aquellos cuadros y en especial este de Degrain... pero como echo de menos ahora aquel mortecino ambiente de olor a pintura y los frescos de Giordano en la bóveda que ya no podré volver a ver a través de los espejos colocados a tal fin. El dramatismo de los cuadros históricos cobraba aún mayor fuerza en aquel mortecino ambiente de la sala central y un cuadro de Zuloaga en otra sala iniciado a carboncillo con una aplastante seguridad y simplicidad de formas quedará pendiente eternamente de recibir los colores del maestro y yo de volver a verlo ya que en el Prado no lo he vuelto a ver entre otros muchos (me imagino que por falta de espacio)

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