Entre el jolgorio de aquella fiesta de carnaval , repentinamente Luisa pierde el contacto de su compañero y
preocupada mira rápidamente entre aquella masa tan variopinta de máscaras y colores y al pronto la parece verle entrando a una gran fábrica de productos cárnicos, sin más dilación se dirige y ya en una nave central junto a una cinta corredera que transporta en grandes contenedores piezas de Reses y otros animales para el correspondiente despiece, clasificación y envasado final. Aquel ambiente un tanto oscuro y tenebroso y la no localización de Pedro termina por originarla un profundo mareo cayendo accidentalmente en una de los contenedores junto aquellas piezas de momento burdamente cortadas. La cinta continua su circuito sin fin
y llegando el contenedor con Luisa a la altura del operario encargado del control de los contenidos, se oye un estampido apagándose por uno o dos segundos la iluminación de la nave, suficiente para que este apenas haya comprobado los productos a su paso correspondientes, creándole y cayendo ante un mar de dudas ya que le pareció ver algo distinto a lo habitual. Cerca de él un interruptor para estos casos espera una decisión
lustración: Enrique Amado
que será grave si no está plenamente justificado su uso, y en tanto que unas gotas de sudor le surgen, la cinta
continua el transporte de este y los demás contenedores hacia unas bien afiladas y programadas cuchillas...
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